No tenía pensado escribir crónica pero el dolor de cuerpo que he tenido estos dos días y el buen trato que recibí por parte de los corredores lo merece. Esta vez el culpable fue Guille, que me intenta sumergir en el mundo de la montaña poco a poco. No sé si es que me lo vendió muy bien o es que yo me lío fácilmente, pero el caso es que tardó poco en convencerme. Se trataba de 16km con un desnivel de 360 m, la distancia me llamaba y del desnivel por suerte no me enteré hasta días antes, prefería pillarlo por sorpresa e intentar creer que sería como el cross trail de Malpartida. La verdad es que tenía ganas, pero viendo cómo se me disparaban tanto las pulsaciones últimamente y cómo sufrí en Malpartida la motivación se me fue perdiendo, pero los ánimos de muchos del club y en este caso especialmente los de Pepa hicieron que me atreviese.
Llegó el día, no podía estar más nerviosa, pero llevaba los objetivos claros: olvidarme del reloj y disfrutarla. Últimos ánimos y consejos de Guille y de sus compis del Alcer y a por ello! Salimos desde Béjar con un tramo bastante corrible, pero poco después comienzan a aparecer las bajadas donde yo no podía mirar otra cosa que no fueran las pisadas del anterior corredor. Así llegamos a una senda, donde nos posicionamos uno tras otro por el poco espacio que había, me notaba con ganas de adelantar, pero no sabía ni cómo, hasta que veo que uno empieza a adelantar y decido seguirle. Seguimos encaminados hacia la calzada con un paisaje verde precioso, y empiezo a notar muy buen ambiente entre los corredores, pues ánimos y risas no me faltaron, no olvido ese “¿socia, vas a hacer la corta? Pues aprieta que te veo muy bien”. No sé si llego a un avituallamiento o a un buffet, cojo un trozo de melón que me supo más rico que nunca y me avisan de que comienza el peor tramo. Y es que vaya tres km cuesta arriba… Me acuerdo del gracioso que me dijo que esta carrera era como un cross de Cabrerizos. No había otro remedio que hacerlos andando y corriendo como buenamente pudieras. Por fin se acabó lo peor y comenzamos otro tramo por la vía verde, donde podías volver a coger aire para seguir. Allí pasamos dos túneles, en el que el primero no tenía absolutamente nada de iluminación y te creaba una sensación rarísima. Me pasan una mujer y un hombre, y me quedo sorprendida al preguntarme si necesito algún gel o alguna cosa aun siendo mi “rival”. A parte me avisan de que la meta es otra buena subida que vaya guardando. Y así fue, una meta sufrida y deseada, pero con buenísimas sensaciones que al final es lo más importante.
Muy muy feliz de haber probado otro tipo de carreras, y muy sorprendida con el buen ambiente que se respira entre los corredores porque sin conocer a nadie me he sentido muy cuidada durante toda la carrera y me han hecho ver que iba bastante bien. Al final pienso que aquí como no hay público nos tenemos que animar los unos a los otros.
Guille se ha venido arriba y ya tenemos otro reto por la montaña, pero antes toca descansar y disfrutar del verano 😜
Repetiré sin dudarlo ⛰️🙌🏼
Silvia Vicente
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