Macotera tiene un color especial. X LEGUA Villa de Macotera por José Ralín

Correr en mi pueblo siempre es muy especial.
Me devuelve a esos años donde solo corríamos por sus calles detrás de un balón o para buscar un sitio donde esconderse y así no tener que ligartela. Es volver a ese Camino Peñaranda que subíamos a toda velocidad pues nos perseguía alguien con un cinturón y era mejor no ser alcanzado. Es volver a escuchar las campanas de la iglesia llamando a misa y que sabías que luego con un poquito de suerte tus padres te pagarían unas patatas en El Café. Es volver a jugar a burro apoyados en la pared de nuestra hermosa iglesia. Ir al kiosko de Tras con la paga semanal. Es volver a la calle de las Aceras con mi amigo Fran a jugar con las piedras y no terminar el juego hasta que alguien se hiciera una pitera y su madre nos curara en la peluquería. Es volver a montarse en nuestras bicis y bajar hasta el río donde las dejábamos caer en la arena y jugábamos durante horas cerca del río. Es volver a sentarme en unas piedras debajo de los pinos con mi abuelo Manolo y mi abuela Regina. No parar de recorrer el camino de la Juara con mis primos donde cogíamos un buen color de piel del sol que nos pegaba. Es volver al sabor de las rosquillas de mi abuela Constancia que ella tenía en la despensa y yo en sus despistes aprovechaba para poder comer alguna a escondidas. Ahora a mis cuarenta y tantos años, aprendí que ella bien sabía lo que sucedía allí pero es que una abuela es una abuela. Es saber que este es tu sitio, es el lugar de donde vienes, estás son tus raices y donde eres feliz. Con todos esos recuerdos apareciendo en mi cabeza con cada zancada, es imposible que no sea mi carrera favorita. El tiempo de la carrera es lo de menos. Lo importante fue poder disfrutar del deporte en compañia de gente especial, de ver que hay nueva gente del pueblo que se está animando a esta locura del correr, de ver como la morada es una pequeña familia, de ver la plaza mayor llena de gente a pesar del frio que hacía, de ver los bares llenos a vinos, de sentir que nos resistimos a ser devorados por la España vaciada y que mientras en nuestra memoria sigamos recorriendo las calles de Macotera seremos un pueblo lleno de vida y muy grande. Gracias al club de Atletismo Macotera Jamón Prim por organizar con tanto cariño esta carrera, por hacernos creer que, si se quiere, se puede y por hacerme volver a mi niñez cada vez que salimos a correr por las calles y caminos de mi querida Macotera. Es verdad, que Sevilla tiene un color especial pero Macotera tiene muchos colores especiales, sobre todo uno, el morado.
Todos los días sale el sol.
José Ralín
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