Crónica San Rocada por Alberto Arauz
La San Rocada: un fenómeno paranormal
Dice la RAE que paranormal es algo que no puede ser explicado por los conocimientos científicos actuales. Algo parecido me sucede a mí con la San Rocada. Por mucho que lo intento, no logro explicar cómo algo que me hace sufrir tanto consigue hacerme tan feliz. El pasado sábado corrí mi cuarta San Rocada y cada año que pasa me gusta más, me emociona más… Supongo que será porque cada año siento más cariño por un pueblo del que hace 5 años ni sabía de su existencia. Me gusta Macotera. Me encanta Macotera. Dicen los lugareños que hay dos tipos de forasteros: los que adoran Macotera y los que la detestan. Yo formo claramente parte del primer tipo. Y sentir que en cada San Rocada hay más gente que te anima y que sabe tu nombre es una sensación muy bonita, realmente placentera. No me cansaré de decir que no existe carrera con mejor ambiente que esta, o al menos yo no la conozco. Hasta aquí todo es maravilloso, pero seamos honestos: la San Rocada es una auténtica tortura china. Y lo es por varios motivos. El recorrido es una montaña rusa. La concatenación de subidas y bajadas hace imposible mantener un ritmo y una respiración mínimamente acompasada. A esto hay que unir los 36 grados de este agosto infernal. La fecha tampoco ayuda: tras 2 semanas de vacaciones en las que las cervezas cobran protagonismo en detrimento del deporte, el estado de forma nunca es el ideal. Y para completar este cóctel añado que, por mis obligaciones laborales, jamás puedo entrenar por la tarde, por lo que las 9 de la noche es una hora en la que mi cuerpo y el deporte son perfectos desconocidos. Sufro de principio a fin. Y es en este punto en el que se materializa el fenómeno paranormal de la San Rocada. El extraño caso de cómo ser inmensamente feliz sufriendo. No quiero terminar estas líneas sin hacer propósito de enmienda de cara al año que viene. Hablar tan bien de Macotera provoca que todo el mundo quiera venir a disfrutarla, y atender a los amigos ha derivado en que este año nuestra ayuda en los preparativos de la carrera haya sido nula. Falogo, Antonio… El año que viene prometo menos alabanzas y más curro. Hasta entonces, seguiré fantaseando con correr una edición más de la carrera más especial del mundo.
Dice la RAE que paranormal es algo que no puede ser explicado por los conocimientos científicos actuales. Algo parecido me sucede a mí con la San Rocada. Por mucho que lo intento, no logro explicar cómo algo que me hace sufrir tanto consigue hacerme tan feliz. El pasado sábado corrí mi cuarta San Rocada y cada año que pasa me gusta más, me emociona más… Supongo que será porque cada año siento más cariño por un pueblo del que hace 5 años ni sabía de su existencia. Me gusta Macotera. Me encanta Macotera. Dicen los lugareños que hay dos tipos de forasteros: los que adoran Macotera y los que la detestan. Yo formo claramente parte del primer tipo. Y sentir que en cada San Rocada hay más gente que te anima y que sabe tu nombre es una sensación muy bonita, realmente placentera. No me cansaré de decir que no existe carrera con mejor ambiente que esta, o al menos yo no la conozco. Hasta aquí todo es maravilloso, pero seamos honestos: la San Rocada es una auténtica tortura china. Y lo es por varios motivos. El recorrido es una montaña rusa. La concatenación de subidas y bajadas hace imposible mantener un ritmo y una respiración mínimamente acompasada. A esto hay que unir los 36 grados de este agosto infernal. La fecha tampoco ayuda: tras 2 semanas de vacaciones en las que las cervezas cobran protagonismo en detrimento del deporte, el estado de forma nunca es el ideal. Y para completar este cóctel añado que, por mis obligaciones laborales, jamás puedo entrenar por la tarde, por lo que las 9 de la noche es una hora en la que mi cuerpo y el deporte son perfectos desconocidos. Sufro de principio a fin. Y es en este punto en el que se materializa el fenómeno paranormal de la San Rocada. El extraño caso de cómo ser inmensamente feliz sufriendo. No quiero terminar estas líneas sin hacer propósito de enmienda de cara al año que viene. Hablar tan bien de Macotera provoca que todo el mundo quiera venir a disfrutarla, y atender a los amigos ha derivado en que este año nuestra ayuda en los preparativos de la carrera haya sido nula. Falogo, Antonio… El año que viene prometo menos alabanzas y más curro. Hasta entonces, seguiré fantaseando con correr una edición más de la carrera más especial del mundo.





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